Rosas dants Rosas

Ha sido «Rosas danst Rosas», precisamente, su carta de presentación. Es una pieza paradójica, porque resulta al tiempo profundamente aburrida y profundamente fascinante. La coreografía es reveladora del gran talento que posee Anne Teresa De Keersmaeker. En el haber encontramos su dominio escénico y espacial, su sentido musical, su caligrafía, el uso del canon y la energía que desprende el más que extraordinario trabajo de las cuatro bailarinas -entre las que está la propia creadora-. Hay imágenes de una belleza cautivadora, momentos de gran magnetismo, brillantísimas ideas coreográficas -mucho más si se tiene en cuenta la edad de la coreografía, veintiséis años-, iluminadas de manera espléndida y sugerente.
En el debe encontramos la morosidad de algunas escenas, la excesiva y compulsiva repetición de movimientos (tocarse el pelo, girar la cabeza, estirarse la blusa para destapar o tapar los hombros), que lastran excesivamente el ritmo del espectáculo y llevan al tedio y al aburrimiento en el público.
(ABC, 13-XI-2009)
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