Microteatro por dinero

He de decir que el proyecto ha superado sin duda mis expectativas, no solo por la calidad de las tres obras que vi, sino también por la frescura, la originalidad y el talento que se respira en ese local que fue en su día carnicería y que hoy es un centro cultural de primer orden. El teatro madrileño tiene un latido diferente en este Microteatro por dinero, que abre nuevas vías de expresión a autores, directores y actores, y que es un magnífico reclamo para nuevos públicos.
El mecanismo es sencillo. El sótano del local está dividido en cinco salas, pequeñísimas, con capacidad para un máximo de quince espectadores, y cada mes se programan otras tantas piezas cortas -su duración no puede superar el cuarto de hora- basadas en una temática concreta: en julio fueron las vacaciones y en agosto el aburrimiento; se ofrecen varias sesiones y el público puede acudir a cualquiera de ellas por un precio de tres euros la función. A la hora señalada, Lucía anuncia la sala y los espectadores bajan las escaleras hasta el oscuro pasillo que flanquea las salas. Algunos montajes permiten al espectador sentarse, y otras tienen que seguirse de pie. El interín entre obra y obra se puede amenizar en el bar o en la terraza.
Se respira un ambiente muy especial en este local, donde se produce una inevitable simbiosis entre público y actores. Hay muchos rostros conocidos que acuden para ver el trabajo de sus compañeros y estar con ellos en un contexto muy distinto del que están acostumbrados.
Disfruté enormemente con (lo otro), donde una pareja (Raúl Jiménez y Raquel Guerrero) regresa de sus vacaciones con un pequeño problema en la conciencia y admiré el soberbio y comprometido trabajo de Elena Corredera y Raúl Tejón en Casi doce, donde los dos se muestran desnudos a solo unos centímetros de los espectadores; su naturalidad y su verdad hacen sin embargo que a los dos minutos esa desnudez deje de ser una incomodidad. Pero me atrapó sobre todo Amor de verano, una singular historia de amor entre dos obras de arte; la función está llena de humor, de ternura, de poesía... En las tres obras se establece una conexión entre los actores y sus espectadores, que dejan de serlo para convertirse en cómplices y en mudos comensales del banquete escénico.
Microteatro por dinero es una de las mejores ideas que ha tenido el teatro español en los últimos tiempos, y ojalá nunca pierda su esencia.
En Mallorca y más concretamente en Palma, un grupo de gente ha trasladado esto mismo en una prisión.
ResponderEliminarFue el llamado "Mcroteatre per delicte" (Microteatro por delito) y todas las obras tenian como hilo conductor, la carcel.
Ya fue impresionante entrar en unas celdas de la prisión, que no es utilizada , pero más impresionante era tener a los actores a dos palmos de tu cara.
El éxito fue grande e incluso tuvo que prorrogarse más de lo previsto.
No habia precio fijado para ver las diferentes obras, si no que al acabar uno daba la voluntad si queria o no.
Ahora esperan encontrar un lugar estable y hacer una programación semanal, como tu comentabas.
Una nueva forma de ver teatro, muy interesante.