«¡Cómo está Madriz!», Miguel del Arco se estrena en la zarzuela


El anuncio, más o menos hace un año, de que Miguel del Arco dirigiría una zarzuela -en aquel momento, se dijo que sería «La Gran Vía»- fue una llamativa noticia. Para los que, siendo aficionados al género (y precisamente por ello), creemos que necesita una profunda renovación y que ésta pasa, inevitablemente, por las puestas en escena, que Miguel «metiera mano» a una zarzuela suponía una alegría. Yo, lo confieso, me relamía pensando en lo que haría con una obra especialmente desvergonzada y alocada como es «La Gran Vía».

En aquel acto de presentación en el teatro de La Zarzuela ya hubo quien se puso la venda antes de la herida y advertía sobre los peligros de poner al día esa obra. Miguel del Arco me confesaba, por su parte, que el director entonces del coliseo, Paolo Pinamonti, hacía tiempo que estaba detrás de él, y que solo había vencido su resistencia dándole carta blanca para meter mano en el libreto de la zarzuela.

Finalmente (si era su idea original en aquella rueda de Prensa no se dijo), Miguel del Arco ha reunido bajo el título «¡Cómo está Madriz!» dos obras, la mencionada «La Gran Vía» y «El año pasado por agua». En las dos -ambas con música de Chueca- existe un esquema similar: un personaje real y otro alegórico pasean por Madrid. Ambas, también, nacieron con vocación de contar con humor y desvergüenza la realidad de la capital de España en aquellos momentos, con situaciones y personajes reconocibles para los espectadores de entonces.

Miguel del Arco realiza una pirueta y sitúa en el Madrid de los albores del siglo XX a un onírico paseante procedente de nuestros días (Paco León), lo que le permite realizar el gazpacho de situaciones, personajes y épocas que es su muy divertido e imaginativo espectáculo. Los más acérrimos puristas de nuestra zarzuela abominarán posiblemente de «¡Cómo está Madriz!», y pueden tener sus razones. Han desaparecido algunos números (la mazurca de los paraguas en «El año pasado por agua»), y los libretos son difícilmente reconocibles. La ideologización del espectáculo que alguno ha criticado no me parece relevante, aunque hay algún elemento a mi parecer de mal gusto que podría haberse evitado.

El espectáculo, eliminado el contexto, me parece magnífico (aunque creo que le sobra la segunda parte, que decae notablemente). Tiene ritmo, color y humor, con momentos brillantísimos (que no desvelaré por respeto a los espectadores futuros) y a ello contribuye de una manera definitiva Pedro Moreno, autor de un vestuario absolutamente alocado; el veterano maestro de diseñadores no le ha puesto límites a su imaginación y ha creado piezas antológicas que elevan muchos grados la temperatura de la escena. Miguel del Arco mueve con soltura (toda la que tienen) a actores y coristas, y el nivel musical es en líneas generales excelente. Paco León está brillante como Paco, y de entre el extensísimo y más que correcto reparto me gustaría destacar a María Rey-Joly, Luis Cansino, Ángel Ruiz, Amelia Font, Jorge Usón y Diego Molero.

Con todo, salí del teatro satisfecho, pero con la sensación de que Miguel del Arco no se había terminado de sentir cómodo y que los códigos que tiene el género -y que son casi de obligado cumplimiento- habían sido un corsé demasiado firme para las intenciones de su puesta en escena.    


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