Críticos


A mediados de mayo publiqué en el blog Max, no te pongas estupendo, alojado en la web de la revista Godot, este texto, que quiero ahora compartir con vosotros. Se titulaba «Críticos»:

»No soy en absoluto sospechoso de tener nada en contra de los críticos. Es más, debo decir que la mayoría de los que conozco –y son unos cuantos- me caen bien. Muy bien, incluso. Con varios tengo una relación personal más que cordial, y a todos sin excepción los respeto y valoro. Aunque eso no quiere decir que coincida con su gusto o su criterio. Pero, y espero que nadie se escandalice, no creo demasiado en ellos ni en su labor; al menos en España y en el momento actual de nuestra cultura.

Hace un par de temporadas, Juan Mayorga estrenó una obra titulada, precisamente, El crítico. Tuve ocasión de hablar con él entonces y se refería al papel de la crítica como parte integrante del proceso creativo; parte necesaria porque, decía, completaba dicho proceso y se erigía, como tal, en 'coautor' de la obra de arte. Creo que esa visión de la crítica es hoy en día utópica e irreal. Quizás en el pasado sí cumpliera esa función, pero hoy en día no pasa de ser, en el mejor de los casos, una referencia en el dossier de prensa de los espectáculos.

Hay muchos tipos de críticos, y todos (salvo alguna deshonrosa excepción) tienen un denominador común: la honradez (según la RAE: rectitud de ánimo, integridad en el obrar). Aprendí en la facultad de Periodismo –fue una de las primeras lecciones- que la objetividad no existe y, por mi experiencia de treinta años de profesión, puedo asegurar que en la crítica no existe. Los críticos no son objetivos, pero sí, insisto, son honrados. Al menos hasta que se demuestre lo contrario. Pero un dolor de cabeza, la falta de sueño, el cansancio e incluso la comodidad pueden influir en la impresión que deje un espectáculo en el crítico.

De los tipos de críticos, nunca he simpatizado con aquellos que tratan siempre de imponer su criterio, y muchos menos de los que están seguros de todo y manejan términos absolutos. Los espectáculos, incluso los más pequeños, tienen ángulos infinitos y casi todos arrojan algo de luz por oscuros que sean. No soy amigo de los que quieren demostrar en sus críticas lo mucho que saben o lo que han leído, ni me gustan los que no dejan que los árboles les dejen ver el bosque.

Tampoco estoy de acuerdo con aquellos que no se quieren «contaminar» con el trato con los artistas. Hace muchos años, en la edición de la Bienal de la Danza de Lyon, coincidí con Anna Kisselgoff, la legendaria crítica de danza del New York Times en una recepción; estaba en ella también Nacho Duato, al que acababan de nombrar director de la Compañía Nacional de Danza. Me preguntó por él y yo me ofrecí a presentárselo. No quiso, no le gustaba conocer, argumentó, a los artistas. Eso le permitía tener mayor distancia hacia su trabajo.

Esa es una actitud respetable, pero creo que se aprende muchísimo en el trato con los artistas; que supone un enriquecimiento personal que implica, invariablemente, un crecimiento profesional y otorga mayores y mejores armas con las que enfrentarse a la tarea crítica. Hoy en día los críticos padecen un creciente «intrusismo» propiciado por Internet y la facilidad de crear blogs y páginas de críticas de teatro. A esas críticas se agarran especialmente, si son positivas, las producciones pequeñas y del off (porque muchas veces son las únicas con las que cuentan), y el comentario de cualquiera sin profesionalidad ni experiencia puede convertirse en «crítica acreditada» si conviene. Eso, en realidad, es hacerse trampas al solitario.

Sí creo, con Mayorga, que la crítica es parte del hecho creativo. No en el sentido intelectual que él le otorga, sino que es un vehículo entre el espectáculo y el público, y en ese sentido la crítica debe de ser, además de honrada (que, ya digo, lo es en un 99 por ciento al menos), lo más gráfica posible. Pero esto no es más que una opinión; cada maestrillo, tiene su librillo y cada crítico su manera de establecer una comunicación con su lector, su oyente o su telespectador (aunque en la radio y la televisión las críticas sean hoy en día rara avis). Y todas, mientras no se demuestre lo contrario, son igual de válidas.

Ah, se me olvidaba. Por si alguien no lo sabe… Yo también soy crítico.

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