sábado, 23 de octubre de 2010

Julián Ávila

No termino de salir de mi asombro. Dejaba hace un rato el teatro Bellas Artes, donde un soberbio José María Pou encarna con maestría a Orson Welles, y me encontraba con varias llamadas perdidas de compañeros del periódico. En el buzón de voz, la noticia: "Julito, que han echado a Julián Ávila". Primero la incredulidad y la sorpresa, después la desazón y la pesadumbre. Y de nuevo la incredulidad. Y la rabia. Julián es uno de mis compañeros más queridos del periódico, una persona con la que he necesitado siempre de pocas palabras para comunicarme con él, que siempre, siempre, ha estado a mi lado. Un verdadero amigo. Profesionalmente es un número uno, que empezó en la sección de Confección y después pasó a Deportes; a la primera línea, además, porque llevaba (qúe duro es hablar en pasado) la información del Real Madrid y de la Selección española. Personalmente es un hombre generoso, emprendedor, divertido, positivo. Una buena persona. Una muy buena persona. El cuerpo me pedía escribir estas líneas y es lo que hago, todavía -y no es exageración- en estado de shock. Cuando se fue Vicente Zabala de la Serna de ABC dije algo así como que se marchaba un símbolo de lo que es el periódico. El despido de Julián no es sólo el despido de un redactor, es la prueba de que hay algo en ABC que se ha roto... Julián, te quiero.

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